45336 – González Byass Alfonso

9,40

La vendimia en el “Marco de Jerez”, como en la mayoría de las grandes zonas productoras de vino, juega un papel trascendental en el sector vinícola. El otoño y el invierno son, por lo general, suaves. En primavera, hay periodos de altas temperaturas y fuerte levante coincidiendo con la floración, mientras que el verano no es excesivamente caluroso pero sí tiene numerosos días de rocío. Este hecho ocasiona una producción alta a pesar de que las precipitaciones en el marco suelen ser escasas a lo largo del ciclo vegetativo. La vendimia empieza a principios de agosto y debido a las altas temperaturas que se registran en el mes más caluroso del año, es necesario transportar la uva de forma rápida a los lagares para evitar oxidaciones del mosto. Es destacable indicar que la vendimia de las variedades de uvas destinadas a la elaboración de los vinos dulces (Pedro Ximénez y Moscatel) es especialmente característica ya que la uva es sometida previamente al proceso de “soleo”, siendo colocada al aire libre para lograr su pasificación,
su duración depende de las condiciones climatológicas y puede prolongarse más de una semana.

Tan pronto como las uvas de Palomino llegan a la bodega son prensadas suavemente. El mosto obtenido de este primer prensado se llama “mosto yema” y es considerado el más elegante y delicado.
Tras la fermentación, clasificación y fortificación al 18%, el vino entra en la “solera”, donde permanecerá una media de ocho años en botas de roble americano siguiendo el tradicional sistema de “solera”. El vino envejece en total contacto con el aire, lo que permite su completa oxidación.

Alfonso es un oloroso seco que presenta un color ámbar oro. En nariz muestra intensos aromas cálidos y redondos, con aromas pronunciados a frutos secos de cáscara como la nuez, notas tostadas, vegetales y balsámicas que recuerdan la madera noble y hojarasca seca. Se pueden apreciar notas especiadas que recuerdan a trufa y cuero. En boca es sabroso y estructurado. Tienen larga permanencia en boca y complejos aromas retronasales. Resaltan notas de frutos secos característicos de la uva Palomino y un toque de vainilla propios de su envejecimiento en roble americano.

Servido muy frío, ya sea en el tradicional catavinos jerezano o en copa alta, Alfonso es el vino más apropiado para las carnes rojas y la caza. Combina perfectamente con guisos de carne o estofados,
especialmente con carnes gelatinosas como el rabo de toro o la carrillada. Excepcional maridaje para las setas, así como para los quesos muy curados.

La vendimia en el “Marco de Jerez”, como en la mayoría de las grandes zonas productoras de vino, juega un papel trascendental en el sector vinícola. El otoño y el invierno son, por lo general, suaves. En primavera, hay periodos de altas temperaturas y fuerte levante coincidiendo con la floración, mientras que el verano no es excesivamente caluroso pero sí tiene numerosos días de rocío. Este hecho ocasiona una producción alta a pesar de que las precipitaciones en el marco suelen ser escasas a lo largo del ciclo vegetativo. La vendimia empieza a principios de agosto y debido a las altas temperaturas que se registran en el mes más caluroso del año, es necesario transportar la uva de forma rápida a los lagares para evitar oxidaciones del mosto. Es destacable indicar que la vendimia de las variedades de uvas destinadas a la elaboración de los vinos dulces (Pedro Ximénez y Moscatel) es especialmente característica ya que la uva es sometida previamente al proceso de “soleo”, siendo colocada al aire libre para lograr su pasificación,
su duración depende de las condiciones climatológicas y puede prolongarse más de una semana.

Tan pronto como las uvas de Palomino llegan a la bodega son prensadas suavemente. El mosto obtenido de este primer prensado se llama “mosto yema” y es considerado el más elegante y delicado.
Tras la fermentación, clasificación y fortificación al 18%, el vino entra en la “solera”, donde permanecerá una media de ocho años en botas de roble americano siguiendo el tradicional sistema de “solera”. El vino envejece en total contacto con el aire, lo que permite su completa oxidación.

Alfonso es un oloroso seco que presenta un color ámbar oro. En nariz muestra intensos aromas cálidos y redondos, con aromas pronunciados a frutos secos de cáscara como la nuez, notas tostadas, vegetales y balsámicas que recuerdan la madera noble y hojarasca seca. Se pueden apreciar notas especiadas que recuerdan a trufa y cuero. En boca es sabroso y estructurado. Tienen larga permanencia en boca y complejos aromas retronasales. Resaltan notas de frutos secos característicos de la uva Palomino y un toque de vainilla propios de su envejecimiento en roble americano.

Servido muy frío, ya sea en el tradicional catavinos jerezano o en copa alta, Alfonso es el vino más apropiado para las carnes rojas y la caza. Combina perfectamente con guisos de carne o estofados,
especialmente con carnes gelatinosas como el rabo de toro o la carrillada. Excepcional maridaje para las setas, así como para los quesos muy curados.

Marca

Gonzalez Byass

Fue en 1835 cuando el joven Manuel María González Ángel fundó González Byass e inició, así, una larga y apasionada andadura dedicada al mundo del vino. Manuel Mª encontró el mejor apoyo para iniciarse en el fascinante negocio del Jerez en su tío materno, José Ángel , Tío Pepe. Él fue quien le enseñó todo sobre el vino Fino hasta el punto de darle nombre a la solera fundacional en cuyas botas aún hoy puede leerse “Solera del Tío Pepe”. Así empieza a forjarse la leyenda del Fino más famoso de España y del mundo. Animado por el continuo desarrollo de las exportaciones y el creciente éxito de su empresa, Manuel María González decidió asociarse con Robert Blake Byass, su agente en Inglaterra, a quien en una carta escrita en 1844 le recomendaba vender un vino “excepcionalmente pálido…” fueron las primeras botas de Tío Pepe enviadas al Reino Unido donde tuvieron una magnífica acogida. La alianza comercial entre las familias Byass y González se mantuvo hasta el año 1988 cuando la familia Byass se retiró del negocio y la bodega pasó a los descendientes directos de Manuel María González.